A veces, lo que más anhelamos parece vivir en un lugar lejano, casi inalcanzable. Sin embargo, hay momentos en los que la vida nos recuerda algo sencillo pero poderoso: el milagro que esperas puede estar mucho más cerca de lo que imaginas, tal vez incluso a una hora de distancia. No siempre se trata de recorrer grandes caminos; a veces basta con seguir avanzando, abrir los ojos y reconocer las señales que ya están frente a ti.
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No cierres los ojos: lo que esperas está cerca
Hay etapas en las que el cansancio nos hace pensar que todo está detenido. Miramos alrededor y sentimos que las respuestas no llegan, que la solución tarda demasiado
o que aquello que soñamos se ha vuelto imposible. Pero precisamente en esos momentos conviene no cerrar los ojos, porque la cercanía de un milagro no siempre se anuncia con ruido; muchas veces se presenta con silencio, con pequeñas oportunidades o con una puerta que parecía insignificante.
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