Cuando dejamos de mirar solo la distancia y empezamos a observar el presente, descubrimos que lo esperado ya está tomando forma. Tal vez sea una conversación, una decisión valiente o un cambio de rumbo que no habíamos considerado. El milagro no siempre llega como un acontecimiento extraordinario; a veces se manifiesta en lo cotidiano, en un encuentro inesperado o en una respuesta que aparece cuando menos la buscamos.
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