Como puedes imaginar, la causa principal y más común sigue siendo el sudor. Y con razón: tu almohada se pondrá amarilla gradual e irreversiblemente cada noche por ello. El sudor de tu cuerpo se absorbe en las fibras de la almohada antes de llegar a la superficie. Pero aunque el sudor sigue siendo la causa más común, otros factores, como la saliva, también influyen.
Los líquidos que se filtran contribuyen al amarilleamiento de la almohada, que los absorbe. Además, esta decoloración no es solo un problema estético; Es evidencia de que bacterias y ácaros del polvo se han asentado profundamente entre las fibras. Esto es natural, ya que estas criaturas viven en ambientes húmedos, lo que puede causar condiciones como asma, alergias o rinitis.
1. Agua caliente con limón
Lemon es un aliado valioso y extremadamente eficaz para refrescar tus almohadas, asegurando un sueño reparador y el máximo confort. Los siguientes consejos te ayudarán a aprovechar al máximo las propiedades blanqueadoras y desinfectantes de los cítricos.
Herve 2,5 litros de agua y añade 6 tazas de zumo de limón. Luego remojas la almohada en el agua con limón durante unas 2 horas. Solo tienes que lavar la almohada con agua jabonosa para eliminar cualquier mancha antes de enjuagarlo y secarlo. Siéntete libre de añadir más agua para que la almohada quede completamente sumergida en la solución.